miércoles, 29 de septiembre de 2010

¿CÓMO LIDERAR LAS EMPRESAS?


Igual que en cualquier otra vertiente de un negocio, existen unas reglas universales que determinan el funcionamiento correcto o incorrecto del liderazgo. Aunque el rol social de un líder puede variar dependiendo del país o la institución  a la que pertenece-, las normas, estándares y prácticas que lo Definen son los mismos en cualquier empresa.



Nadie se siente cómodo con la palabra “líder” incluso cuando lo es y, no obstante, el liderazgo es un requisito indispensable para el éxito de cualquier organización. El primer desafío para un líder empresarial consiste, pues, en aprender a vivir con la palabra, acostumbrarse a ella, aceptar su relevancia y la responsabilidad derivada de la misma. El término “liderazgo” confiere a cualquier actividad una gravedad que no tendría si la realizara otra persona. Sólo con la conciencia de esta seriedad es posible construir una empresa de categoría mundial.

Otra de las cualidades en las que debe ejercitarse un líder es en la diferenciación inequívoca entre distintas alternativas. En una empresa que aspira a alcanzar una categoría de primer nivel, ningún detalle es irrelevante, por lo que el líder ha de saber percibir las diferencias entre lo que tiene peso y lo que no aporta nada sustancial. La concentración es lo que hace posible la diferenciación. Sin ejercitar la atención es imposible aprender a utilizarla para calibrar qué aspectos de un asunto son los importantes y cuáles no.
Al líder de una empresa se le encomiendan misiones muy concretas. Entre los asuntos capitales para el líder de una empresa están, en primer lugar, la visión, su sustancia y la manera en la que ésta se transmite (con convicción, sinceridad y claridad); el modelo de negocio o su modo de funcionamiento, que lo distingue del resto de las empresas que operan en el mercado; la conciencia que las personas que la integran tienen de la empresa, de su remuneración y de lo que confiere sentido a su trabajo, que se reflejará en el aspecto y funcionamiento de la empresa en su conjunto; en último lugar, el resultado final: qué es lo que se propone alcanzar y en qué plazo, qué se necesita para ello y el capital preceptivo.

En la medida en que un líder aprende a concentrar su atención y a diferenciar, estará en condiciones de desarrollar la tercera de sus capacidades esenciales: la organizativa. La capacidad de organización de un líder resulta clave para el crecimiento de una empresa; implica una reorganización continua con un grado cada vez mayor de orden y previsibilidad. La cuarta aptitud que se requiere de un líder es la de innovar. Un proceso de innovación se lleva a cabo en siete pasos sucesivos:

  1. Elección de aquel aspecto del negocio que quiere reformarse.
  2. Determinar el proceso adecuado para llevarlo a cabo.
  3. Si se trata de mejorar la atracción de clientes potenciales, primero habrá que conocer la situación actual.
  4.  Si existe un proceso ya en marcha, medir su efectividad.
  5. Los resultados del paso anterior se utilizan para decidir qué necesita regenerarse en la captación de nuevos clientes. Quizá la publicidad no resulte suficientemente atractiva y haya que modificarla o recurrir a otros medios.
  6. Iniciar el ensayo del cambio.
  7. Valorar y medir sus resultados.
Si resultan positivos, introducir el nuevo proceso o sistema en la empresa; en caso contrario, regresar al cuarto paso y reflexionar sobre posibles alternativas. Una de las habilidades más determinantes en la misión de un líder es la capacidad de comunicación. Para que el líder se comunique de modo eficaz con sus empleados, su palabra debe ser clara, convincente y trasmitir una gran dosis de inspiración.

 Este último rasgo permite a las personas contemplar  mejor las cosas y descubrir nuevas posibilidades allí donde parecía que no las había. De ello nace la motivación para actuar.

La superación permanente como rasgo distintivo de una empresa se implanta cuando innovación, medición de resultados e implementación se integran hasta formar una cultura corporativa: ésta marca las
Operaciones y las actividades del personal hasta el punto de que se convierte más en su modo de ser que en su modo de hacer.